Título Tercero

TITULO III

MIEMBROS DE LA HERMANDAD.

 

CAPÍTULO PRIMERO: ADMISIÓN E INGRESO

 Regla 39ª. Son miembros de la Hermandad, aquellos fieles católicos de ambos sexos que lo soliciten y sean admitidos según lo dispuesto en estas Reglas.

                   En dicha admisión la hermandad constatará, en primer lugar, que el solicitante en cuestión no esté impedido para ser hermano de la Hermandad,   por el derecho canónico, y en segundo lugar, que se encuentre bautizado, a excepción hecha de los catecúmenos, para lo cual deberá acompañar a la solicitud de admisión, la certificación correspondiente[1].

               Se entenderá en todo el articulado que el término Hermano/s hace efectivamente referencia a todos los miembros de la Hermandad, de ambos sexos que, sin discriminación alguna, gozarán de los mismos derechos y obligaciones.

 Regla 40ª. Se presumirá que quien solicite el ingreso en la Hermandad profesa devoción a sus Titulares, conoce suficientemente estas Reglas y se halla dispuesto a su exacto cumplimiento, así como a cooperar con los fines de aquélla en la medida de sus posibilidades, y sin otra mira que la mayor gloria de Dios. También se le presumirá la mejor disposición de ánimo para ligarse con sus hermanos en fraternales lazos de amor en Cristo Nuestro Señor.

 Regla 41ª. El ingreso en la Hermandad se solicitará por escrito, haciendo constar el nombre y dos apellidos del solicitante, DNI si lo tuviere,   lugar de nacimiento, su edad, parroquia de su bautizo, su estado civil, su profesión, su residencia y su domicilio.  

                   Dos hermanos firmarán la solicitud de ingreso en prueba de conocer suficientemente al solicitante.

 Regla 42ª. La solicitud será informada por un Censor y sometida al Cabildo de Oficiales, que la aceptará o no. Si la aceptara, el Secretario asentará el nombre del nuevo hermano en el libro correspondiente, asignándole el número que proceda. En todo caso, notificará al solicitante el acuerdo adoptado por el Cabildo de Oficiales.

 Regla 43ª. Cada nuevo hermano prestará juramento sobre los Santos Evangelios acerca de su fe de cristiano, católico, apostólico y romano, así como de su voluntad de cumplir las obligaciones impuestas por estas Reglas. El juramento será recibido por el Hermano Mayor, Director Espiritual o Capellán de la Hermandad en presencia del Secretario y ante las Imágenes de los Titulares, a los que todos los presentes rezarán un Credo y una Salve.

                   Este juramento podrá prestarse antes de la admisión del solicitante, pero su eficacia quedará condicionada a dicha admisión. Se adjunta a estas Reglas Bajo el número II, anexo referido a la Fórmula de Juramento de Nuevos Hermanos.

                     La Cofradía celebrará el denominado “ juramento de reglas” en las siguientes tres ocasiones a lo largo de cada año: el Jueves Santo, ante los pasos de Nuestras Imágenes, el catorce de septiembre con motivo de la festividad de la Exaltación de la Cruz y el dieciocho de diciembre al término del triduo en honor de María Stma de la Esperanza.

                   La edad establecida como mínima para prestar dicho juramento es de doce años. No obstante, la Junta de Gobierno previo a dichos actos posibilitará a todo nuevo hermano un programa de formación conforme a las indicaciones que marque la Autoridad Eclesiástica y cuya regulación se recoge en el Reglamento de Régimen Interno.

Regla 44ª. Los hijos de los hermanos y devotos de los Titulares de la Hermandad podrán ser admitidos en ésta desde su bautismo si lo solicitan en su nombre sus padres, padrinos, tutores o cuidadores, quienes en ese momento podrán prestar juramento por la persona para quien solicitan la admisión en la Hermandad. Sin embargo, a estos hermanos, no les alcanzará la plenitud de derechos y obligaciones hasta que, llegados al uso de su razón, presten el juramento establecido, por sí mismos habiendo realizado el preceptivo programa reseñado en la Regla anterior.

 

CAPÍTULO SEGUNDO: DERECHOS Y OBLIGACIONES

 Regla 45ª. Todo miembro de la Hermandad tiene derecho a lucrar las indulgencias y beneficios espirituales que tal condición tiene concedidos, a asistir a sus cultos en el lugar reservado para ellos, ostentando la medalla y cordón de la misma, y a que a su fallecimiento se rece ante la Imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno una Santa Misa en sufragio por su alma.

 Regla 46ª. Todos los hermanos y hermanas tienen derecho a vestir la túnica o hábito de la Hermandad en las dos estaciones de penitencia de cada Viernes Santo desde que por su edad y capacidad física lo permita el Cabildo de Oficiales y, en todo caso, desde cumplidos los catorce años de edad.

 Todos los hermanos tienen el derecho desde que tengan cumplidos los dieciocho años de edad y uno de antigüedad en la corporación, a ser convocados en forma reglamentaria a los Cabildos Generales que se celebren , y el de asistir a ellos con voz y voto. Con los mismos requisitos, podrán solicitar del cabildo de Oficiales, y en su caso de la Autoridad Eclesiástica, la convocatoria de Cabildo General Extraordinario si se diesen los supuestos y exigencias previstos en las Reglas.

               Tienen derecho, asimismo, a ser elegidos para desempeñar cargos en la Junta de Gobierno de la Hermandad siempre que:

1.- Se distingan por su vida cristiana personal, familiar y social, así como por su vocación apostólica.

2.- Residan en un lugar desde el que les sea posible cumplir con la misión del respectivo oficio que le sea encomendada.

3.- Tener cumplidos los dieciocho años a la fecha de la celebración del Cabildo General de elecciones.

4.- Presenten, al momento de formalizar la candidatura dentro del período electoral, partida de matrimonio canónico, caso de encontrarse en dicho estado civil, así como una declaración de hallarse en situación familiar regular.

5.- Haber seguido, si hubiesen tenido lugar, los programas de formación cristiana organizados por el Consejo de Hermandades y Cofradía de la localidad.  

6.- Tener la antigüedad de al menos 5 años para desempeñar los cargos de Hermano Mayor, Teniente Hermano Mayor, Consiliario, Censor o Diputado Mayor de Gobierno, de dos para ser elegido Mayordomo, Secretario o Prioste y de un año para ser elegido Diputado.

 

Regla 47ª. No podrá ser miembro de la Junta de Gobierno de la Hermandad aquella persona en quien aun concurriendo las circunstancias previstas en la

Regla 46ª. desempeñen cargo de dirección en partido político, o de autoridad civil ejecutiva nacional, autonómica, provincial o municipal.[2]

Regla 48ª. Aquél miembro de la Junta que dentro del mandato correspondiente, accediese a cualquiera de los cargos descritos en la Regla anterior, deberá presentar su dimisión de forma y manera inmediata, caso contrario se procederá a la remoción de dicho miembro conforme a lo previsto en el Canon 318,2 del vigente Código de Derecho canónico.

Regla 49ª. Todo miembro de la Hermandad está obligado a reflejar en su vida y conducta la caridad, humildad y sencillez evangélica; asistir a los cultos establecidos en las Reglas; a contribuir al sostenimiento económico de la Hermandad subviniendo a todas sus necesidades y gastos mediante el pago de la cuota mínima establecida o la que voluntariamente se asigne cada uno según sus posibilidades, de las cuotas extraordinarias que acuerde establecer el Cabildo General y de las aportaciones voluntarias requeridas por el de Oficiales; y a cumplir los preceptos de estas reglas y las normas que legítimamente impongan los órganos de gobierno de la Hermandad.

Regla 50ª. Los hermanos y hermanas están obligados a concurrir a las estaciones de penitencia anual, vistiendo el hábito de la Hermandad, desde que tengan cumplidos los catorce años de edad; y a los Cabildos Generales a que fuesen convocados, pronunciándose en ellos con criterios rectamente formados en conciencia, tanto si potestativamente, usasen de su derecho de voz, como de voto, y siempre con el más exquisito respeto y caridad cristiana hacia los restantes hermanos.

Regla 51ª. Todo aquel hermano que concurriese a las estaciones de penitencia de la Hermandad deberá:

1.- Vestir correctamente el hábito nazareno de la Hermandad consistente, en el cortejo que acompaña a la Imagen de Nuestro Padre Jesús,   en túnica de ruán negro o percalina negra de cola y abierta desde el cuello a la cintura. El antifaz, asimismo de ruán negro, complementará dicho hábito, y se caracterizará por caer sobre pecho, espalda y hombros y elevado sobre la cabeza sostenido por un armazón cónico y liviano de algo más de un metro. Este antifaz tendrá dos pequeñas aberturas para los ojos y deberá mantenerse vertical. A la altura del pecho y sobre el antifaz antes descrito, aparecerán bordadas en rojo sobre fondo morado las Cinco Cruces de Jerusalén. La túnica irá ceñida por cinturón de esparto basto en su color, de unos treinta centímetros de ancho. La cola de la túnica descansará sobre cualquiera de los laterales sujeta a unas pequeñas cuerdas que sobresalen del mencionado cinturón de esparto.

                           Prescindirán necesariamente del armazón del antifaz los hermanos que lleven cruces penitenciales así como los manigueteros.

2.- En el cortejo procesional de Nuestra Madre en su advocación de María Santísima de la Esperanza, los hermanos vestirán túnicas y capas blancas, con botonadura desde el cuello hasta el extremo inferior de la túnica de color verde. La misma botonadura lucirán los hermanos en las bocamangas. La túnica irá ceñida a la cintura por cíngulo, asimismo, de color verde. El antifaz de raso de color verde, sobre el que tendrá prendido, el escudo de la Hermandad según lo indicado en las Reglas 2 y 4,   cae sobre el pecho, espalda, hombros y se eleva sobre la cabeza sostenido por un armazón cónico y liviano de algo menos de 60 centímetros; este antifaz tendrá dos pequeñas aberturas para los ojos y debe mantenerse vertical. Prescindirán de dicho armazón cónico, al igual que los hermanos que acompañan a la Imagen de Nuestro Padre Jesús, aquellos hermanos que porten cruces o se sitúen en las maniguetas del paso de Nuestra Madre.

3.- Tanto en el cortejo de N.P. Jesús como en el de su Madre, María Santísima dela Esperanza, los hermanos usarán calcetín negro y zapato común también negro, sin hebilla ni adorno alguno, salvo que prefiera permanecer totalmente descalzo.

 4.- Todos los componentes del cortejo prescindirán de guantes, relojes, anillos, joyas en general, salvo la alianza matrimonial. Tampoco usarán visiblemente pañuelos ni aumentarán su penitencia con exceso de mortificación que trascienda al exterior.

5.- También constituye obligación del hermano nazareno la de marchar solo, sin hablar ni detenerse y con el antifaz puesto sobre el rostro desde que sale de su domicilio hasta, por el camino más corto, llegar a la Ermita, sin olvidar en ningún momento el carácter penitencial del acto que realiza.

 6.- Al pasar a la Ermita, una vez exhibido en la puerta el título acreditativo del sitio que llevará en el cortejo, así como el Documento Nacional de Identidad si así se le requiriese, deberá arrodillarse ante las Imágenes de los Titulares y rezar un Credo y una Salve, esperando luego en el patio de la Casa Hermandad el momento de ser llamado a las filas del cortejo. Durante esta espera podrá despojarse del antifaz y hablar con sus hermanos, pero se abstendrá de deambular por la Iglesia y demás locales.

7.- Obedecer las indicaciones de los celadores, canastillas o del propio Diputado Mayor de Gobierno, ocupando el sitio que le asignen sin entablar discusión alguna y a salvo siempre su derecho a quejarse ante el Cabildo de Oficiales una vez finalizado el acto.

8.- No abandonar el sitio asignado hasta la disolución del cortejo. En caso de enfermedad o necesidad perentoria, avisará con discreción al celador de su tramo, entregándole el elemento procesional que porte e indicándole si su ausencia será definitiva o momentánea. En este último caso se reintegrará al lugar que ocupaba lo antes posible. Bajo ningún concepto deambulará por calles ni por la comitiva de nazarenos.

9.- En el cortejo procesional todo hermano permanecerá en silencio, mirando la frente y evitando todo tipo de movimientos inútiles. Salvo indicación del Celador, andará, parará, elevará y bajará el cirio cuando así lo haga la pareja que le preceda, procurando guardar con ella siempre y en todo momento la distancia que al inicio de la procesión le fuera señalada. En las paradas procurará mantener la mayor inmovilidad posible y conservará verticales las insignias, varas y cirios, sólo los que lleven cruces penitenciales podrán arrodillarse durante las mismas, salvo que entorpezcan el cortejo por su visible cansancio o por otras causas y el Celador se lo impida.

10.- Rectificar su conducta si fuese advertido por el Celador, a quien entregará su papeleta de sitio si para ello fuera requerido.

11.- Volver a su domicilio, solo y sin demorarse ni deambular por las calles con ningún pretexto, cuando finalizada la estación de penitencia, se haya disgregado el cortejo, tras el rezo de las oraciones por los hermanos difuntos y aquellos que, por enfermedad u otra justa causa, no pudieron realizar dicha estación de penitencia. En ningún caso abandonarán las dependencias de la Ermita y Casa Hermandad, hasta no recibir la indicación por parte del Hermano Mayor de que ha concluido este acto.

 

CAPÍTULO TERCERO: DISTINCIONES, FALTAS Y SANCIONES

Regla 52ª. La cofradía reserva todos sus honores para Dios Nuestro Señor y para su Madre Santísima, en unión de los ángeles y santos, por lo que no honrará a ninguno de sus hermanos ni a cualquier otra persona con distinciones o nombramientos, salvo las que expresen un reconocimiento a aquellos, incluidos devotos, instituciones o asociaciones que se hayan distinguido por su especial dedicación a la Iglesia, Hermandad y Cofradía[3], o a la comunidad. Al mismo tiempo gozarán de una distinción especial aquellos hermanos que hayan cumplido cincuenta años de pertenencia a la Cofradía.

               En concreto podrán otorgarse las siguientes distinciones:

  • El título de hermano de honor, predilecto o distinguido de la Hermandad sólo puede concederse a los que siendo hermanos efectivos se hayan caracterizado por su especial dedicación a la Hermandad.
  • El título de hermano honorario de la Hermandad podrá concederse a personas físicas aunque no sean miembros de la Hermandad y Cofradía, así como a personas jurídicas o instituciones. Excepcionalmente la Hermandad podrá conceder, vistas las circunstancias y con el beneplácito de la Autoridad Eclesiástica, está distinción bajo la denominación de Hermano Mayor Honorario, sin que dicha distinción suponga ni un derecho preferente ni una obligación excepcional ante los órganos de Gobierno de la Hermandad, ni ante la Iglesia.

Regla 53ª. Atendiendo el espíritu evangélico, si un hermano comete alguna falta se le citará por el Hermano Mayor o Director Espiritual para que en fraternal diálogo se esclarezca lo acontecido y, en su caso, se corrija dicha conducta.

                Sólo en el caso de obstinación pertinaz o reiteración se procederá a abrir el oportuno expediente, que se sancionará como se dispone más adelante.

Regla 54ª. Se considerarán faltas o infracciones muy graves de los miembros de la Hermandad:

1.-La habitual y pública conducta contraria a la moral católica y a los dictados de la Santa Madre Iglesia.

2.- El incurrir en alguno de los motivos de inadmisión descritos en la Regla 39.

3.-La asistencia a los actos de culto en forma que ofenda los sentimientos de piedad de los presentes.

4.-La comisión intencionada de actos de los que se siga perjuicio moral o material para la Hermandad.

5.-El reiterado incumplimiento en materia esencial de los mandatos de estas Reglas o de los acuerdos del Cabildo General.

6.-La actuación desconsiderada u ofensiva para otros hermanos en Juntas y Cabildos o la que de cualquier forma perturbe la correcta marcha de tales actos aunque no llegue a impedir su celebración, y que se reitere tras amonestación de quien los presida.

7.- La infidelidad en el ejercicio de un cargo que produzca perjuicio a la Hermandad, en cualquier ámbito de la vida social o religiosa.

8.- Disponer o apropiarse, indebidamente de fondos o patrimonio de la Hermandad.

9.- La pertenencia a cualquier secta o agrupación reprobada por la Iglesia, el apartarse de la comunión eclesial, o el incurrir en cualquier tipo de excomunión impuesta o declarada.

10.- Cualquier otro acto que desde el contexto de estas Reglas resulte merecedor de tal calificación por el grave escándalo o menoscabo del buen nombre de la Hermandad que hubiere producido.

 Regla 55ª. Se considerarán faltas o infracciones graves:

1.- La infracción de los preceptos de estas Reglas o de su Reglamento, así como de los acuerdos de Cabildo General en materia no esencial o que, aún siéndolo, haya sido corregida y reparada espontáneamente o previa amonestación, y condonada por el ofendido si lo hubiere.

2.- El incumplimiento, por parte de algún miembro de la Junta de Gobierno, del deber de secreto que ampara las deliberaciones de la misma.

3.- La desobediencia a cuanto disponen estas Reglas y el reglamento que las desarrolle, sobre el comportamiento durante la Estaciones de Penitencia.

4.- Cualquier otro acto, a juicio de la Junta de Gobierno, que resulte merecedor de tal calificación según el espíritu de estas Reglas.

 Regla 56ª. Se considerarán faltas o infracciones leves:

1.-La infracción de los preceptos de estas Reglas y del Reglamento que las desarrolle, así como de los acuerdos del Cabildo General en materia de escasa entidad.

2.-Toda conducta que, producida en el seno de la Hermandad sin escándalo ni trascendencia, deba ser sancionada a juicio del Cabildo de Oficiales y no aparezca tipificada en estas Reglas.

 Regla 57ª.Sanciones. Las sanciones que podrán imponerse, a través de expediente sancionador que se describe en la Regla 59 y ss. serán las siguientes:

a.- Las faltas e infracciones muy graves serán sancionadas con separación forzosa de la Hermandad por tiempo superior a tres años o con la definitiva, previa autorización del Vicario General del Arzobispado .Dicha separación temporal lleva aparejada la pérdida de antigüedad en la Corporación con todas sus consecuencias.

b.- Las faltas o infracciones graves serán sancionadas con separación de la Hermandad por tiempo de hasta tres años, o con la suspensión de alguno de los derechos de miembro de la Hermandad por el mismo período. Asimismo esta sanción acarrea la pérdida de antigüedad.

c.- Las faltas o infracciones leves se podrán sancionar mediante una amonestación por escrito acordada por la Junta de Gobierno, o verbal a cargo del Hermano Mayor, o bien con la suspensión de los derechos de hermano hasta seis meses.

 Regla 58ª. El perjuicio sufrido por la Hermandad y la falta de reparación en los casos en que sea posible agravarán la sanción a imponer. También la agravará la reiteración en la comisión de faltas que elevará al grado inmediatamente superior la calificación de la últimamente cometida si ésta se produce en los dos años siguientes a la anterior.

               Toda sincera muestra de arrepentimiento y la espontánea reparación atenuarán, en su caso, la sanción a imponer, pudiendo incluso cancelarla.

Regla 59ª. Para la sanción de las faltas o infracciones graves se instruirá un expediente previo acuerdo del Cabildo de Oficiales. El expediente se instruirá por la comisión que al efecto se cree. En dicha comisión intervendrán el Director Espiritual, el Hermano Mayor, los Censores y el Secretario que actuará como tal. Todos intervendrán con voz y voto.

               En dicho expediente se contendrá, necesariamente, el pliego de descargo presentado por el hermano interesado, así como la relación de pruebas a practicar a propuesta de éste.

               El expediente concluirá con una propuesta de resolución que se elevará al Cabildo de Oficiales para que sea éste quien determine.

               La baja voluntaria del hermano expedientado ocasionará la inmediata paralización del expediente y su archivo en el estado en que se halle.

Regla 60ª. La comisión de la falta o infracción por un miembro del Cabildo de oficiales originará la apertura del oportuno expediente en las mismas condiciones que se han descrito en la Regla anterior.

               En el supuesto de que la falta o infracción se considerase grave o menos grave, el Cabildo de oficiales, amén de la sanción principal impuesta por las Reglas, impondrá como sanción accesoria, el cese del oficial en su cargo. Cese que le imposibilitará formar parte del Cabildo de Oficiales durante un periodo de no menos de 4 años.

 Regla 61ª. El Cabildo de Oficiales participará, en la forma más caritativa posible, al General inmediato, de toda sanción que haya impuesto consistente en la baja definitiva de algún hermano en la Hermandad o que haya incluido la separación de algún Oficial de su cargo.

Regla 62ª. La apertura, y en su caso la paralización, del expediente sancionador no supondrán en ningún caso la renuncia por la Hermandad a las acciones canónicas, civiles o penales que puedan asistirle, frente al hermano que le haya perjudicado moral o materialmente.

                 Dentro de la potestad sancionadora de la Hermandad habrá de quedar a salvo y debidamente amparado el derecho a recurrir ante la autoridad eclesiástica por parte del hermano que se encuentre incurso en un expediente sancionador conforme a las reglas anteriores. [4]

 

CAPÍTULO CUARTO: BAJA DE HERMANOS

 Regla 63ª. Los miembros de la Hermandad pueden causar baja en la misma por fallecimiento, por libre decisión, por impago de sus obligaciones económicas y por sanción reglamentariamente impuesta.

                 Para causar baja por libre decisión bastará que el interesado, o quien lo represente si se tratase de un menor, lo ponga en conocimiento del Secretario.

Regla 64ª. Cuando un miembro de la Hermandad se encuentre al descubierto durante un año completo en el pago de sus cuotas obligatorias, será requerido por el Secretario para que en el plazo de un mes liquide su deuda, previniéndole de que, en caso contrario, se podrá acordar su definitiva separación, y aconsejándole que si su situación económica no le permite afrontar las obligaciones contraídas, deberá exponerlo al Hermano Mayor o Mayordomo, los cuales, si estiman justificada la causa alegada, podrán dispensar por sí y en la más absoluta reserva , el pago de las cuotas, así como condonar las atrasadas y vencidas.

                 El Cabildo de Oficiales acordará la baja definitiva del hermano moroso que, no obstante tal requerimiento, persista en su actitud sin justificar la razón que para ello pueda tener.

 Regla 65ª. La baja definitiva por impago de las cuotas o por sanción podrá ser causa bastante para que, posteriormente, el Cabildo de Oficiales deniegue una posible solicitud de readmisión de quien fue separado de la Hermandad.

 

 CAPÍTULO QUINTO: DE LAS HERMANAS

Regla 66ª. Todas las Reglas son aplicables a las hermanas, que disfrutarán de los mismos derechos y obligaciones que los hermanos, en plena y absoluta igualdad con éstos.

 Regla 67ª. El Cabildo de Oficiales designará de entre las hermanas a las Camareras de María Santísima de la Esperanza, a las que se encomendarán las tareas relativas a exorno de altares y cuidado de sus paños sagrados y de las vestiduras interiores de las Imágenes. Estas designaciones se entenderán hechas por el tiempo de mandato de cada Junta de Gobierno.

 Regla 68ª. Fiel a la costumbre inveterada el Cabildo de Oficiales permitirá y facilitará que todas las fieles que lo deseen, sean o no hermanas de la Cofradía siempre y cuando guarden el más estricto respeto al acto que acontece, puedan marchar tras nuestras Imágenes en los actos procesionales que se desarrollen.

  CAPÍTULO SEXTO: MIEMBROS HONORARIOS

Regla 69ª. El cabildo de Oficiales de la Hermandad podrá admitir como miembros honorarios a los clérigos –bien a título de persona física o de congregación- y seglares de ambos sexos que hayan prestado algún servicio a la Hermandad o manifestado especial devoción de sus Titulares, y que por habitar fuera de Constantina, por su voto de pobreza o por cualesquiera otras razones no puedan asumir todas las obligaciones inherentes a la condición de miembro de pleno derecho.

                  Estos miembros honorarios no satisfarán cuota alguna, no tendrán voz ni voto en los Cabildos Generales y no podrán acceder al gobierno o administración de la Hermandad, pero gozarán de todos los beneficios espirituales concedidos a sus miembros numerarios. Podrán figurar en los actos de culto, incluida la estación de penitencia.

                Según establecen estas Reglas, los miembros honorarios serán asentados en el libro correspondiente bajo el número que proceda, y deberán prestar el juramento preceptivo.

                Los miembros numerarios que pasasen a ser honorarios, o viceversa, conservarán a todos los efectos la antigüedad correspondiente a su primitiva situación.

              En virtud de los lazos entrañables que la Hermandad mantiene con la Congregación Religiosa de las Hermanas Mercedarias con sede en esta localidad, dicha Congregación así como todos sus miembros tendrán, perpetuamente la condición de hermanos honorarios de la Cofradía.


[1] Art. 24 de las Normas Diocesanas.

[2] Art.32 Normas Diocesanas

[3] Art. 25 de las Normas Diocesanas

[4] Cánones 308, 312 y 316 del C. de D.C.